10 junio 2011

Primer capitulo de "Retribution" en español (Dark hunter) - Sherrilyn Kenyon

Las Vegas, NV

-¿Cómo estás?

Abigail Yager apenas entendía esas palabras mientras el doctor se acercó a su cama, inyectándole una sustancia que podría, muy bien, ser letal. Pero si funcionaba, valdría la pena el riesgo.

-¿Qué?

-¿Abby? ¿Puedes oírme?

Ella parpadeó lentamente y trató de concentrarse en la pregunta de Hannah. Todo estaba borroso. Aún así, ella podía ver la forma en que la luz jugaba en el cabello rubio de Hannah, y la preocupación en el rostro hermoso de su hermana pequeña.

-Um ... sí.

Hannah maldijo.

-La estás matando. ¡Basta!

El médico no le hizo caso.

Hannah fue hacia él, pero antes de que pudiera llegar a su lado de la cama, su hermano mayor, Kurt le interceptó.

-¡Basta, Hannah!

-No sabemos lo que hará a ella. ¡Ella es humana!

Kurt negó con la cabeza.

-Ella lo necesita. Si nos fortalece a nosotros, debe hacer lo mismo con ella. Además, es demasiado tarde. En este punto, la ayudará o la matará. Así de simple.

¿Podría haber menos gentileza en su tono de voz?

Hannah empujó a Kurt lejos de ella.

-Estoy avergonzada de ti. Después de todo lo que ella ha hecho por nosotros, todavía no la ves como otra cosa que solo un ser humano -ella regresó al lado de Abigail y le tomó la mano.

-Quédate conmigo, Abby. No me dejes solo con un imbécil insensible como único miembro de mi familia.

-¡Yo no soy un imbécil!

Hannah no le hizo caso.

-Necesito a mi hermana mayor. Vamos, chica. No me decepciones.

Abigail no podía seguir el airado intercambio en que estaban metidos ahora. Honestamente, lo único que escuchaba era el corazón que le latía en los oídos. Ella vio las imágenes de su pasado pasando por su mente como si estuvieran en un DVD. La vieja casa de dos pisos donde los tres habían crecido. De ella y Hannah pasándose mas allá de su hora de acostarse para chismear y reír acerca de su último enamoramiento de una celebridad.
Tantos buenos recuerdos de ese tiempo ...
Sus pensamientos se dirigieron a la madre, de Kurt y Hannah, y al padre que la había adoptado después de que sus propios padres habían sido masacrados. Ellos, también, había muerto hacía unos años de su maldición, y no había nada que no haría por sus hermanos adoptivos.
Y tú podrías estar pagando el precio más alto.

-Espera...

¿Fue esa la voz del médico?

El zumbido se hizo más fuerte cuando sintió romperse algo profundo dentro de su cuerpo. Arqueando la espalda, gritó como cada molécula parecía incendiarse.

-¿Qué pasa con ella?

-Saque su hermana fuera de aquí.

Abigail escuchó a Hannah protestando mientras Kurt la sacaba de la habitación y cerró la puerta detrás de ellos. Las lágrimas corrían por las comisuras de sus ojos. Ya no podía ver nada, y sin embargo ella lo vio todo. No había manera de describirlo. Era como si hubiera un espejo para el mundo.

-Respira -dijo el doctor en voz baja-. Sólo respira. Yo no voy a dejar que te mueras.

Eso era más fácil decirlo que hacerlo. El dolor laceraba su cuerpo. Era como si ella se estaba quemando desde adentro hacia afuera.

Incapaz de soportarlo, gritó hasta que pudo aguantar más. Eso fue todo. A pesar de lo que él dijo, ella se estaba muriendo. Tenía que ser. Seguramente nadie podría soportar tanto dolor y vivir. No había manera de que sobreviviera.

De hecho, se sentía la oscuridad viniendo por ella. La estaba tragando por completo. Pedazo por pedazo. Fragmentándola por completo.

Volvió la cabeza de lado a lado, tratando de respirar. Algo tenía sus manos en la garganta, ahogándola.

¿Era el médico?

Ella no podía concentrarse. No podía ver.

-¡Alto! -su grito resonó en sus oídos.

Luego, tan rápidamente como había venido, el dolor la dejó como un pájaro que acaba de volar hacia el cielo sin ninguna razón. Se había ido.

Ahora, tenía la garganta tan seca. Ella inclinó la cabeza para la encontrar mirada del médico. La preocupación estaba grabada su frente mientras se bajaba la máscara en su rostro.

-¿Cómo te sientes? -mostró sólo un pedacito pequeño de sus colmillos al hablar. Algo más destelló. Un recuerdo que se había ido tan rápido, no lo podía entender.
¿Era importante?

-Necesito agua -gruñó ella.

-¿No se le antoja algo más?

-Sí -suspiró ella.

-¿Qué?

Abigail se lamió los labios como el recuerdo de la muerte de sus padres biológicos le quemaba. Incluso después de tantos años, la memoria era perfectamente intacto como si hubiera sucedido ayer.

Apenas cuatro años y vestida con su pijama rojo de Barrio Sésamo, se había escondido debajo de la cama mientras el hombre que sus padres habían llamado a un amigo, los mataba sin piedad con una escopeta. Esos sonidos terriblemente violentos fueron grabadas para siempre en su cerebro. De dónde ella había estado, vio las botas negras de vaquero del hombre que habían chillado con el piso, mientras buscaba en su cuarto. Aterrorizada, ella lo vio la pista de sangre por todo su alfombra rosa princesa. Se había metido su osito de peluche favorito a la boca y lo mordió duro para no gritar y traicionar a su ubicación. Él se detuvo antes de su cómoda y ahí en el espejo, había visto su rostro con tanta claridad. Tan perfectamente.
Y al oír los pasos pesados salir de su casa, ella había jurado una cosa.

Encontrar a ese hombre y asesinarlo tan brutalmente como él había matado a sus padres. Para que le piden una misericordia que no tenía intención de darle.
La venganza sería suya...

-¿Abigail? -el médico la obligó a mirarlo-. ¿Qué más se le antoja?

-La garganta de Sundown Brady.
Cortesía Chaos angels
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